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- Saga Final
Saga Kadingir
ÍNDICE
- Capítol 17 – Los Hallazgos de Sil
- Capítulo 16 – Fuera
- Capítulo 15 – Encarcelados
- Capítulo 14 – Ciudad Baja
- Capítulo 13 – El transportador
- Capítulo 12 – Buenos días!
- Capítulo 11 – Se apunta
- Capítulo 10 – Samurai Katori
- Capítulo 9 – Llegada al pueblo
- Capítulo 8 – Tab-Rab
- Capítulo 7 – El poder de Sil
- Capítulo 6 – La partida
- Capítulo 5 – Los anillos de Lokituk
- Capítulo 4 – Vale!
- Capítulo 3 – Nuevas amistades
—Me vengo con vosotros —dice Katori, degustando el nuevo bol de fideos que se ha pedido.
—Vale! —dice Lutum, engullendo el suyo.
—Ah no, ni pensarlo! —se opone Sil.
Los tres viajeros están cenando en una de las pocas mesas que han quedado enteras después de la pelea y las destrozas de hace unas pocas horas.
El acalorado debate con Bruno y sus hijos ha sido suficiente para convencer a los clientes del local que Katori no era el ladrón. O al menos, nadie se ha atrevido a volverlo a acusar, especialmente considerando que han tenido que llevarse la familia del herrero a rastras, pues estaban todos inconscientes.
—Vendré igualmente. —le dice a Sil.
—Vale! —repite Lutum.
—Qué quieres decir, que vendrás igualmente? —le responde ella, indignada— Quién te crees que eres, tú? Pazguato impertinente! Crees que te puedes apuntar, como si esto fuera un voluntariado? Para que te queremos, a ti, con nosotros?
—Escucha, niñata! Da igual, si no me queréis. Os voy a seguir igualmente. Sois Portadores de anillos de Lokituk! Por lo que antes o después acabaréis encontrando a los otros! Y yo tengo que pasar cuentas con uno de ellos! O sea que os pienso seguir digas lo que digas!
—Y tú qué? No piensas decir nada? —pregunta mirando a Lutum, que ya está lamiendo el fondo del bol de fideos, completamente vacío.
—Pues que venga, no? —propone contento, ignorando la discusión.
—Argh!! —exclama, histérica— Pero se puede saber que he hecho, yo para merecer esto? Porque siempre me toca estar rodeada de ignorantes ignominiosos?
—Ah, pero qué hay de malo si viene con nosotros? Parece buena gente! Te comerás tus fideos? Y qué es, ignominioso?
—Como que parece buena gente? No parece buena gente! Es un ladrón! No has visto los carteles de la calle? Pero si está entre los más buscados por el gobierno! Que más necesitas?
—Bueno, pero a mi padre también lo buscan! —dice Lutum, agarrando el bol de Sil— Y es buena persona!
—QUÉÉÉ?? —grita ella, con los ojos desorbitados, completamente congelada— QUE A TU PADRE TAMBIÉN LO BUSCA EL GOBIERNO? Y se puede saber porque demonios no me lo habías dicho antes!?
—Ah, no sé… no me lo habías preguntado… creo que por esto vivíamos tan aislados… pero no se exactamente porque lo buscaban… nunca le pregunté, ahora que lo pienso.
Dejándose caer encima la mesa, con los ojos en blanco, Sil se da por vencida.
—Es inútil… este chico es inútil… —dice, dándose golpes en la cabeza contra la mesa.
—Así pues te llamas Katori, no? —le pregunta Lutum, comiéndose la cena de su compañera de viaje— Has luchado muy bien! Hacías unos movimientos muy extraños! Eran algún tipo de técnica de lucha?
—Bueno, la verdad es que combino veintiuna artes marciales distintas; Kung Fu, Karate, Tae Kwon Do, Judo, JuJitsu, Kendo, Aikido, y otras menos conocidas… pero mi fuerte es la lucha con espada.
—Andaaa! —exclama Lutum, con los ojos iluminados— Tantas técnicas dominas? Que bien! Me tienes que enseñar todos esos movimientos que hacías, eh? Ha! Ho! Flash! Patapam! Patapum! —onomatopeitza, haciendo movimientos con los brazos— Y tú también puedes aprender, eh, Sil? Te irán muy bien para aprender a mejorar el control de tu poder!
—Quieres hacer el maldito favor de ser más discreto, sobre nuestro poder? —grita histérica, levantándose de la silla, señalándolo con el dedo— Argh! Pero si te estás comiendo mis fideos!! —grita de nuevo, señalando ahora el bol.
—Pero si no los querías!
—Cómo, que no los quería? —replica, sin dejar de gritar—Siempre haces lo mismo, tú! Troglodita glotón y goloso!
—Oh, pero si puedes pedir más!
—Yo no quiero más! Yo quiero los míos!
—Sois muy raros, vosotros dos, eh? —apunta Katori, cerrando los ojos de vergüenza ajena— Va, va…sentaos, que todo el mundo os mira, y ya hemos llamado suficiente la atención, hoy…
—Muy bien! —dice Sil, dejándose caer encima la silla, enfadada— Puedes venir con nosotros… pero te pienso vigilar, entendido? Y a la primera que hagas algo raro, te arrepentirás!
—Y que quieres que haga, yo de raro? —se queja Katori.
—Ah, sí! —dice en Lutum, que ya sabe de que va el tema— No le gusta que le miren los pechos!
Los ojos de la Sil salen de sus órbitas.
—CHAVAL! Pero que diantre dices! Esto te lo has inventado!
—Así pues, te gusta? —pregunta en Katori, que no entiende nada de nada.
—NO! Claro que no! —gritar de nuevo, desesperada.
—Ves como no te gusta? —confirma Lutum.
—Pero queréis hacer el favor de dejar de hablar de mis pechos? —grita, centrando la atención de la mirada de todo el mundo? Yo me refería a si intenta robarnos!
—Qué manía! —se queja el acusado— Yo no quiero robaros! Yo lo único que quiero es encontrar uno de los Portadores, para arreglar una cuenta pendiente! No os penséis que me apetece, ir con vosotros! Yo siempre voy solo!
—Yo también iba sola hasta hace dos días! —le replica— Y no me hacía falta la ayuda de una pareja de obtusos cómo vosotros!
—Eh, yo también vivía solo! —dice Lutum, contento— Podemos ir sólo todos juntos, ahora!
Katori y la Sil se miran mutuamente, al oír la absurdidad de Lutum, pero deciden dejar el tema y no decir nada más.
—En fin! —dice ella finalmente— Así pues, ya que nos acompañarás a partir de ahora, al menos cuéntanos lo que sabes de los anillos? Antes has reconocido su Lil-rab, y dices que buscas un Portador. Qué sabes, de la leyenda?
—Leyenda? —sonríe él, irónico— No tiene nada, de leyenda. La historia de los anillos de Lokituk es tan real como que ahora vosotros dos sois Portadores! Sus poderes son extraordinarios! Y cuanto más tiempo pasa, y más dominio se tiene sobre ellos, estos incrementan. En toda mi vida sólo había conocido a un Portador… hasta hoy.
—Uooo! —exclama Lutum, emocionado— Sí? Y qué poder tenía?
—Era el portador del Ki-Rab —dice, serio.
—El anillo de la tierra… —murmura Sil.
—Sí, exacto. —continúa él— Ni siquiera sé su nombre, pero nunca olvidaré su cara. Su poder es extraordinario, y sus efectos devastadores.
Mientras habla, una imagen que siempre lo ha atormentado, vuelve a su mente. Una imagen que de hecho, nunca lo ha abandonado. En ella, un gran templo, magnífico y esplendoroso en su época dorada, aparece reducido a ruinas y cenizas. Columnas de denso humo negro surgen de múltiples puntos de la montaña de runas, y la peste a carne quemada es tan intensa, que incluso ahora le llega el hedor recordando el momento.
—Es de él, que quieres vengarte? —pregunta Lutum
—Sí, exacto. Después de nuestro primer encuentro, quedé muy malherido. De hecho, nadie se pensaba que sobreviviera. Pero no fue así. Mi sed de venganza me curó las heridas, y sin nada más que el recuerdo de su cara, y una ambigua información sobre el origen de su poder, lo he estado buscando des de aquel día.
—Pero piensa que nosotros casi no sabemos nada, de los otros portadores. —explica Sil— Tan sólo estamos investigando el origen de los anillos, y es por eso que ahora nos dirigimos a las Islas Sedem. Vamos a hablar con un doctor, en busca de información. No es seguro que encontremos el hombre a quien buscas.
—Eso da igual. —dice Katori— De alguna forma extraña, los anillos de Lokituk se atraen. Siempre ha sido así. Y sino me creéis, miraos a vosotros dos. No es mucha casualidad, que un chico que vivía solo en las Oratam, se haya encontrado con una niña consentida de Metrópoli Norte? Y aún más casualidad, que los dos sean Portadores?
—Eh! Qué quiere decir, esto de niña consentida!? Pero ahora que lo dices, si que es mucha casualidad… —dice Sil, mirando fijamente su anillo, mientras lo hace girar? O sea, que de alguna forma, están conectados entre ellos?
—Eso no lo sé, pero de lo que estoy seguro, es que si me quedo cerca de vosotros, antes o después encontraré al hombre que busco. El resto no me importa.
—Muy bien! —dice Lutum sonriente, levantándose de la mesa? Así pues, a partir de ahora seremos tres! Celebrémoslo! Pidamos más fideos!
—Que vaya con vosotros no quiere decir que me apetezca. —dice secamente Katori, levantándose— Me retiro a descansar a mi habitación. Mañana, cuando os vayáis, yo ya estaré listo para la marcha.
—Yo tampoco tengo ningún tipo de interés para celebrar nada con este ladrón! —dice Sil, levantándose saliendo del local— Voy a hacer una lista de todo lo que tendremos que comprar mañana, y buscaré mapas para trazar el camino, pues hoy nos hemos quedado sin ellos.
Y de esta forma, Lutum se queda solo en la mesa, mientras sus dos compañeros se van uno por cada lado. A pesar de que pasa por unos segundos de incertidumbre, durante los que se pregunta internamente porque no ha cuajado del todo su propuesta de celebración, se da cuenta que todavía queda la comida sobre la mesa que han dejado los dos ausentes, y con un rápido movimiento se sienta de nuevo, y recogiendo los bols hacia él, se lanza a por los restos.
Fuera, la noche es oscura y fría, y Sil se arrepiente del ataque de orgullo que le ha hecho salir del local. Después de todo, aún no ha podido comprar la ropa de invierno, y sabe que tendrá que volver a entrar para pedir una habitación donde pasar la noche. Pero decide esperarse un rato fuera, porque si vuelve a entrar ahora quedaría muy ridícula.
Sentada en las escaleras de la entrada del local, se distrae observando el cielo. Las estrellas, de varios tamaños e intensidades, plagan el cielo. Cuando vivía en Metrópoli Norte, nunca se habría imaginado que hubiera había tantas. Y es que las luces de la gran ciudad, hacen que tan sólo se pueda ver una pequeña parte de los astros del firmamento. Fue al iniciar su aventura cuando, pasando las noches dentro del todo terreno, descubrió que en realidad había tantas. La primera noche, incluso, le costó dormirse por la luz que desprendían, pero a medida que pasaban los días fue descubriendo la magia de dormir bajo un cielo estrellado.
—Eh! —la sorprende Lutum, detrás suyo— Supongo que querrás dormir dentro, no?
—Ah, hola! No te había oído llegar! Sí, sí, claro que dormiré dentro. Pero he salido un rato para ver el cielo.
Lutum se sienta en la escalera, a su lado.
—A que es chulo? Yo alguna noche he intentado contar las estrellas, pero siempre me he dormido antes de acabar!
—Escucha, Lutum, ya confías en Katori? Piensa que no todo el mundo tiene tanto buena fe como tú, en este mundo! Hay muchas personas que no tendrían ningún problema al robarnos, traicionar-nos o incluso matarnos, a cambio de dinero.
—Ah, no te preocupes! Es buena persona, estoy seguro de ello! —dice quitándole importancia.
—Bueno, tú sabrás lo que te haces! Después de todo, si hemos podido sobrevivir el ataque de aquel avión, supongo que ya nada puede ser peor.
—Sí… no entiendo porque nos ha atacado! —dice en Lutum, pensativo— Es la primera vez que te ocurre? Tienes enemigos, quizás?
—Yo, enemigos? Qué diantre voy a tener enemigos, yo! Pero si soy una chica de ciudad normal, corriente y moliente! Esto tú, que siempre te metes en problemas! O quizás buscaban a tu padre, que dices que está buscado por el gobierno!
—Ah, pero a mí no me ha atacado nunca nadie! Es la primera vez que veía un avión!
—Pues estamos arreglados! Por un lado, alguien nos ataca con un avión de guerra, y por otro, una especie de ninja samurai, se nos acopla, diciendo que quiere vengarse de no se sabe quién! Esto es de locos!
—Quizás todo está relacionado con los anillos, como dice en Katori. —murmura Lutum— Quizás si, que los anillos se atraen entre ellos. Y si el piloto del avión también era uno de los Portadores?
—Oh, no lo creo! Seguramente habría utilizado sus poderes para salir del avión antes de la explosión. Además, el avión tenía una especie de logotipo, recuerdas? Un círculo rojo con una “V” de color blanco al centro, recuerdas?
—Uhmm… pues no m? he fijado!
—Pues sí… es cómo si formara parte de un ejército, o grupo armado, que se identifica con este símbolo. O al menos daba esta impresión…
—Así pues, vendrán más aviones de estos?
—Bueno, si realmente formaba parte de un grupo, dependería de si ha avisado a los otros.
—Qué quieres decir? Cómo puede avisar a los otros?
—Estos aviones tienen una radio…. una especie de aparato que te permite conectarte con más aviones, o otros lugares. Si antes de estrellarse ha podido avisar diciendo que nos había encontrado, no tardarán en aparecer refuerzos. Aún así, no creo que haya avisado a nadie… seguramente pensaba que podría él solo… hasta que lo has tumbado! Además, aunque lo hubiera hecho, aún tendrán que venir, y que encontrarnos… y mañana por la mañana, a primera hora ya nos habremos marchado de aquí!
—Sí, es cierto! —dice contento— Ya tengo ganas de ver las Islas Sedem! Cómo iremos? Nadando?
—Pero que dices, loco!! Cómo quieres ir nadando?? Están muy lejos! Iremos en barco!
—Anda, que bien! Nunca he ido en barco! Mi padre siempre me decía que es un tipo de barca de río, pero muuuy gorda!
—Sí, bien… podriem decirlo así… —dice Sil, ante aquella excesiva simplificación.
—Y dónde está el barco ese?
—En Ciudad Baja! Allí hay uno de los puertos más importantes de la costa. Cada día atracan y zarpan barcos a todas partes de la Península Beri, e incluso algunos más allá!!
—Andaaa! —exclama él, ilusionado al oír todas esas novedades— Y buscaremos uno que vaya a las Islas Sedem?
—Exacto… eso haremos… —dice Sil, que se ha agachado cabizbaja, abrazándose las rodillas, intentando hacerse pasar el frío.
—Bueno, pues será mejor que vayamos a descansar, no? —dice viendo que ella empieza a temblar de frío.
—Sí, sí… —dice levantándose, enrojecida? Ahora pediré una habitación, y me meteré en cama hasta que…
—No quedan habitaciones, ya! —dice tan tranquilo Lutum, yendo hacia la entrada.
Sil se queda paralizada por el frío y la noticia, y lentamente lo mira de reojo.
—Que qué? —se atreve a preguntar.
—Que no quedan. Están todas reservadas! Pero tranquila! He hablado con Katori, y nos deja dormir en la suya!
Pero esta noticia no la tranquiliza en absoluto, sino todo lo contrario.
—Pero tú estás loco? Cómo quieres dormir con aquel psicópata!? No ves que nos robará, o que nos puede matar, por la noche? Ya has visto como lucha!
—Ahh, no te preocupes! Es buena gente! Seguro que no te mira los pechos! —dice abriendo la puerta del local, que deja escapar tanto la luz como los ruidos del interior.
—Argh!! Quieres dejar ya esta fijación que tienes con mis pechos!? Deja ya de hablar de ellos! —grita persiguiéndolo hacia dentro.
Una rabiosa mirada observa desde un callejón no muy lejano como los dos compañeros entran en el local, y la puerta se cierra, oscureciendo y silenciando de nuevo la calle. No sólo sabe donde están, sino que también sabe donde se dirigen.
Gracias a esta información, su superior pasará por alto que vuelva al cuartel general sin el avión con el que se ha marchado.