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- Saga Oeste
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- Saga Norte
- Saga Final
Saga Kadingir
ÍNDICE
- Capítol 17 – Los Hallazgos de Sil
- Capítulo 16 – Fuera
- Capítulo 15 – Encarcelados
- Capítulo 14 – Ciudad Baja
- Capítulo 13 – El transportador
- Capítulo 12 – Buenos días!
- Capítulo 11 – Se apunta
- Capítulo 10 – Samurai Katori
- Capítulo 9 – Llegada al pueblo
- Capítulo 8 – Tab-Rab
- Capítulo 7 – El poder de Sil
- Capítulo 6 – La partida
- Capítulo 5 – Los anillos de Lokituk
- Capítulo 4 – Vale!
- Capítulo 3 – Nuevas amistades
La noche ha sido fría, y ha vuelto a nevar en toda la región, incluyendo las cotas más bajas, pero el pequeño microclima de la cueva ha resistido, y los dos huéspedes han podido descansar cómodamente.
Sil vuelve en sí poco a poco. En un principio le cuesta saber donde está. Lleva ya muchos días viajando, y últimamente ha dormido cada noche en un lugar distinto, pero haciendo un esfuerzo, empieza a recordar la noche anterior. Le había mostrado su poder a Lutum, y había quedado tanto agotada, que no tardó nada en dormirse. Obre los ojos, y lo primero que ve es la hoguera, ahora reducida a cenizas, y una luz tan blanca y clara en el exterior, que incluso llega a molestarla. Mirando a su alrededor ve que está sola. No hay rastro de Lutum, ni del equipaje.
Lentamente se reincorpora, y se da cuenta que ha estado durmiendo en un montón de hojas secas, que le han servido de colchón por una noche, y que al otro lado de la hoguera hay otro montón, a pesar de que más desperdigado. Seguramente es una cama improvisada, cortesía de Lutum.
Se dirige a la salida, y a medida que la luz se hace más clara, y le contrae las pupilas, se da cuenta que el paisaje del día antes ha vuelto a cambiar, y que el blanco de la nieve los acompañará de nuevo en esta etapa.
Lutum ya está fuera, que preparado para iniciar la jornada, y con la mochila en espalda, mira a lo lejos, al horizonte.
—Madre mía! Otra vez todo nevado! —dice ella, sin salir de la cueva.
Lutum se gira y sonríe
—Buenos días, Sil! Pues sí! Ha vuelto a nevar, esta noche! Pero por suerte estábamos bien refugiados, eh? Y hoy ya llegaremos al pueblo!
—Sí… —murmura Sil— Una suerte que no veas. De infarto de miocardio, vaya.
—Infarto de qué? —pregunta él, interesado.
—No, nada, nada… escucha, y sabes si queda mucho, hasta el pueblo?
—Bueno, si vamos cómo ayer, llegaremos por la noche… pero si nos damos prisa, podemos llegar esta misma tarde.
—Esta tarde? —repite ella, ilusionada— Ah, pues venga, vamos, vamos! No perdamos más tiempo, y empecemos con buen…
Pero una vez más, sus palabras quedan cortadas cuando al salir de la cueva, pisa una piedra que cede, ante su peso, pierde el equilibrio y cae encima la nieve virgen, que amortiza el golpe.
—Realmente… —confiesa Lutum— si tus replicas son la mitad de ágiles que tú, más vale que no las pasees por la montaña, porque si la original cae tantas veces, no quiero pensar como serian las copias…
—Oh, sí! —se queja ella— Encima búrlate de mí, tú! Merluzo paniaguado! Haz el favor de ayudarme a levantar, en lugar de quedarte aquí como un estaquirote! Que no ves que si me quedo empapada, me puedo constipar, carcamal cercopiteco?
Para Lutum, el hecho de no entender más de la mitad de palabras que salen de la boca de la Sil, es una señal inequívoca que indica que ya tiene suficiente fuerza y vitalidad como para empezar la jornada, y sonríe al verla tan enérgica. Se acerca a ella, y con un movimiento de mano, una ráfaga de aire la levanta y la pone en pie.
A pesar de que se ponen en marcha con buen ritmo, la nueva alfombra de nieve los hace ir más lentamente, puesto que deben asegurar todos los pasos.
—Las has hecho tú, las camas de hojas? —dice ella, sin perder de vista donde pone los pies.
—Sí! Te dormiste muy pronto, después de volverte a fusionar, y fui a entrenarme un rato. Al volver traje hojas, y después de secarlas al fuego, las amontoné para hacer un poco más cómoda la noche.
—Pues gracias… —murmura— Y dices que todavía pudiste aprovechar para entrenar, a aquellas horas?
—Sí, por la noche se está muy bien! Y más en invierno! Todo es silencio, y te puedes concentrar mejor.
—Pero quieres decir, que a ti te hace falta entrenamiento? Después de lo que te he visto hacer, no creo que puedas mejorar más! Controlas el aire de una forma tan innata, que seguramente debes de haber llegado al máximo de tus habilidades…
—Pues la verdad es que no lo sé, pero una cosa si que te puedo decir; hasta ahora, cada año he mejorado en técnica y potencia. O sea que de momento sigo entrenando para ver hasta donde puedo llegar. Tú dices que has estado investigando sobre los anillos, no? Qué decía, sobre el mío? sabes algo?
—Uf, no mucho, la verdad. Cómo ya te dije, sé que se llama Lil-rab, y que es el anillo del aire, es decir, que permite a su portador controlar el aire a voluntad, pero no sé mucha cosa más. Todos los documentos que encontraba eran muy genéricos, y decían lo mismo. Poderes extraordinarios, que permitían hacer cosas extraordinarias… muy ambiguo, todo ello.
—Y hay muchos, de estos anillos?
—No muchos. En los documentos no lo indicaba, pero seguramente todo esto nos lo explicará el Dr. Ishor. Quizás él te podrá decir si has llegado a tu máximo!
—Ah, eso estaría muy bien! —exclama, contento— Hace unos años me propuse llegar a controlar el máximo mis poderes para cuando mi padre regresara! Si ese señor me puede decir si me falta poco o mucho, podré saber si llevo un buen ritmo!
—Lutum… —dice ella, denotando cierta preocupación— …no es muy extraño, que tu padre te haya dejado viviendo solo tanto tiempo? Es decir… sólo tenías unos diez años, cuando él se marchó… no es un poco irresponsable?
—Pues no lo sé, la verdad… pero si mi padre se fue, seria porque no tenía ninguna otra opción, eso está claro! Y si me dejó aquí en lugar de quedarse, fue por algún motivo! Estoy seguro de ello!
—Y no le preguntaste cual?
—Es mi padre. No hace falta pedirle los motivos.
—Oh, no todo el mundo diría el mismo, Lutum…
Mientras adelantan bosque a través, Sil piensa en el curioso personaje que la acompaña. Aquel chico, que ha vivido aislado del mundo, y ha sido educado por su padre, tiene un carácter muy peculiar. No se enfada, no discute, ignora completamente la ironía y la sátira, y nunca pide el porque de las cosas. A pesar de tener un poder que corrompería al más santo de todos los hombres, su humildad y sencillez son notables. Y a pesar de que siempre que puede ayudar lo hace, también acepta la ayuda de los otros sin ningún tipo de orgullo. Tendría que aprender mucho, de él.
—Lutum, estoy contenta que me acompañes… —confiesa discretamente— Seguro que será un viaje trepidante!
—Seguro que sí! —dice él, sonriente.
Y justo después de decir estas palabras, un ruido hasta entonces imperceptible, empieza a ser audible. Una especie de zumbido, lejano, que parece acercarse por el aire. Los dos se quedan quietos, agudizando el oído.
—Lo oyes? —pregunta ella
—Sí, pero no sé qué es… no parece ningún animal… es la primera vez que oigo este ruido.
—No, no es un animal… es un ruido de motor… un avión, o avioneta.
—Un avión? Uooo! Yo no he visto nunca ninguno! Mi padre me ha dicho que vuelan como los pájaros! —dice él, alejándose de la zona, con grandes zancadas, buscando una zona sin árboles donde poder ver el extraño artefacto.
—Eh, Lutum! Espera! No corras tanto! —dice ella, persiguiéndolo como puede— No me dejes sola!
Prácticamente flotando encima la nieve, no tarda al llegar en una pequeña clapa del bosque libre de árboles, que le permite ver el cielo, limpio y claro. Curioso, anda de espaldas, mirando hacia arriba, buscando la máquina que vuela como un pájaro. Y finalmente, la encuentra.
Es de un verde oscuro bastante sucio, y vuela sin batir las alas, que curiosamente son dobles. La más baja debajo la estructura metálica, y la superior encima de ésta. Delante, una grande hélice, gira tanto rápidamente que prácticamente es imposible verla. Detrás, la cola, está adornada por una gran círculo rojo “V” blanca en el centro.
—Andaaaaaaaa!! —grita él, fascinado— Es magnífico! Vuela sin mover las alas! Y va mucho más deprisa que cualquier pájaro!!
La parte superior de la cabina está descubierta, y se puede apreciar la cabeza del único tripulante, que se oculta bajo el casco y detrás las grandes gafas negras.
—Ven, corre, ven! Mira que chulo!
A duras penas, intentando mantener el equilibrio, Sil llega dónde está Lutum, refunfuñando.
—Carajo de crío! Podrías haberme esperado! Siempre haces lo mismo, tú! Mula tozuda! Que no ves yo sola me puedo perder?
—Mira, mira! Es aquello, verdad? Aquello es un avión? —pregunta él, ignorando sus maldiciones, señalando al aire.
—No me cambies de tema, tú ahora! Se un poco más adulto, de acuerdo? —dice riñéndolo mientras se gira para ver el famoso avión— Y sí, sí… esto es un av….
Pero Sil no puede acabar la frase, pues se traga las últimas palabras al ver que lo que se acerca vertiginosamente no es un avión cualquiera, sino un biplano de guerra, armado con dos metralletas laterales.
Justo en el mismo momento, el soldado que pilota el aeroplano centra su objetivo y bendice su suerte. Los dos están justo en uno de los pocos lugares de toda la región donde pueden ser vistos, y parece ser que están curiosamente quietos. Sin perder ni un segundo, pulsa hasta el fondo el gatillo que acciona las dos armas.
—Argh! —brama ella, con la mirada desencajada— Eso es un avión de guerra! Rápido, apartémonos!
La ráfaga de munición que dispara el avión recorre rápidamente la nieve del pequeño claro del bosque, dejando un camino de agujeros que se dirige directamente donde están ellos dos. Pero justo en el momento en que llega a su objetivo, Sil salta encima de Lutum, haciéndolo caer atrás, apartándolo del recorrido de la metralla.
El piloto, enfadado por no haber alcanzado su objetivo a la primera, inicia una maniobra de giro, para volver a atacar.
—Es un avión de guerra! —grita ella, sentada encima de él, sacudiéndolo por los hombros.
—Qué quieres decir? —responde, fuera de juego, sin entender nada de nada.
—Mira que eres corto! Que es malo! Hace daño! Mata! —simplifica ella, para que Lutum lo entienda rápidamente, sin hacer más preguntas— Va, corre! Marchamos! Escondámonos! Va! Bajo los árboles!
El avión, que ya se ha vuelto a enfocar para atacar de nuevo, vuelve a escupir una ráfaga de pequeños proyectiles que dibujan una nueva cicatriz en la nieve, que se dirige contra ellos.
Pero esta vez es Lutum quién, comprendiendo la situación, se levanta a gran velocidad, y desprendiéndose de la mochila, carga a Sil en sus hombros, saltando al interior del bosque, justo en el instante en que los disparos impactan a contre el equipaje, haciéndolo saltar, y destrozando todo su contenido.
—Pero se puede saber qué le pasa, a este avión? —dice Lutum, corriendo entre los árboles, todavía con Sil cargada en el hombro, cabeza abajo.
—Quieres hacer el favor de soltarme, payés chapucero? —le grita— Qué te piensas que soy? Un saco de patatas? Ya te lo he dicho, yo, que era un avión de guerra, garrulo!
—No puedo, que vas muy lenta! Te tocaría! —dice él, saltando por encima la nieve, a gran velocidad.
El avión mientras tanto, ha trazado su rumbo, y el piloto vigila atento cualquier movimiento entre los árboles para descargar una nueva oleada de munición.
Sil, botando cabeza abajo encima la espalda de Lutum, empieza a perder el sentido de la orientación y el equilibrio, viendo como el paisaje rebota a su alrededor, tan rápido como borroso.
Lutum salta al tronco de un árbol para coger impulso, pero lo hace con tanta fuerza, que este no resiste el impulso del chico, y desarrelándose parcialmente, hace que la nieve de su copa se desprenda y caiga pesadamente. Este era la señal que necesitaba el piloto, para enfocar los cañones de sus metralletas, y volver a hacer fuego a discreción.
—Mira que eres troglodita y torpe! —grita Sil, enfadada— Trasto de crío! Pero que haces? Porque no tiras una bengala, para que nos encuentre, o le haces señales de humo! Si hubieras ido más lento no habrías hecho tanto escándalo! Que no lo ves, corto de coco?
Lutum sigue corriendo y saltando entre los árboles, a toda velocidad, mientras los disparos se acercan cada vez más. Ella, que se ha incorporado parcialmente, mira atrás y ve como la ráfaga se encuentra a poco metros de ellos.
—Eh, eh! —grita desesperada, aporreándole el culo— Que nos atrapa! Haz algo! Rápido! Cambia el rumbo! Corre, corre! Eh, por cierto, qué culo más duro que tienes, eh?
Lutum, mirando atrás de reojo, ve como el avión gana distancia a cada segundo. Mira adelante, buscando un posible refugio o cueva donde esconderse, pero a pesar de no encontrar ninguno, ve gran árbol inclinado, medio desenterrado , y se dirige hacia el, acelerando su carrera.
El piloto, inclinando ligeramente la palanca que controla su rumbo, traza uno de nuevo en la misma dirección. Escasos metros separan la lluvia de metralla de su objetivo.
Justo en aquel momento Lutum llega al árbol inclinado, y de un salto, se planta a la parte superior del tronco, casi a la copa, donde cogiendo todo el impulso que puede, salta nuevamente al aire, volando por encima de los árboles, en dirección al avión, que todavía sigue disparando hacia abajo.
A cámara lenta, las múltiples expresiones de los implicados en la escena, son tantas como diversas. Lutum, por un lado banda, que ha saltado a una altura de unos cien metros, cargando a Sil, sonríe satisfecho, controlando la situación, mientras mira cara a cara al piloto, a medida que se acerca.
Este, tras las grandes gafas que lo protegen del viento, abre los ojos, atónito por la visión de un chico que no tan sólo ha saltado por encima del bosque, hasta encontrarse a la altura de su avión, sino que también lo ha hecho cargando a una chica cabeza abajo, con cara de espanto.
Finalmente Sil, que ha pasado de la estupefacción al terror mortal, al ver como de repente el suelo, que tenía a un metro escaso, se ha alejado de repente, y que los árboles, que hasta el momento le tapaban el cielo, son ahora pequeños arbustos, a los que está sobrevolando.
Es entonces cuando Lutum, llegando al punto máximo de la parábola que ha dibujado su recorrido, extiende la mano abierta, en dirección al biplano que tiene justo delante, y con un grito seco y contundente, dispara una ráfaga de aire que aparece de la nada, colisionando contra la avioneta, que de repente se sacude salvajemente, perdiendo varias piezas de la estructura, hélice incluida, que saltan al aire, divertidas.
Al no tener ningún lugar donde apoyarse, la misma ráfaga de aire que ha disparado, lo impulsa atrás, alejándolo del avión que, desproveído de ciertas piezas, relativamente necesarias por su buen funcionamiento, como por ejemplo, mantenerse en el aire, pierde el control y se precipita al medio del bosque.
Lutum, que se dirige inevitablemente hacia el bosque, igual que la avioneta, enfoca una mano al suelo, y crea un nuevo golpe de viento que frena la velocidad de su caída, y le permite aterrizar de pie, sano y salvo.
—Estás bien? —dice girando la cabeza, mirando a Sil.
De repente, una gran explosión, proveniente de la zona donde ha impactado el biplano, hace saltar todos los árboles en un radio de cinco metros, entre una nube de humo y nieve, que deja un gran cráter en pleno bosque.
—Bueno… —murmura ella— …al menos, mejor que el piloto, seguro.