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- Saga Oeste
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- Saga Sud
- Saga Norte
- Saga Final
Saga Kadingir
ÍNDICE
- Capítol 17 - Los Hallazgos de Sil
- Capítulo 16 - Fuera
- Capítulo 15 - Encarcelados
- Capítulo 14 - Ciudad Baja
- Capítulo 13 - El transportador
- Capítulo 12 - Buenos días!
- Capítulo 11 - Se apunta
- Capítulo 10 - Samurai Katori
- Capítulo 9 - Llegada al pueblo
- Capítulo 8 - Tab-Rab
- Capítulo 7 - El poder de Sil
- Capítulo 6 - La partida
- Capítulo 5 - Los anillos de Lokituk
- Capítulo 4 - Vale!
- Capítulo 3 - Nuevas amistades
El resto de la jornada transcurre sin ningún otro accidente. Lutum ha llevado la mochila el resto del camino, y Sil ha vigilado todas y cada una de los pasos que ha dado, con especial interés en no pisar ninguna otra piedra.
—Lutum, no crees que deberíamos dejarlo, por hoy? Yo ya no puedo más! Estoy reventada! Podríamos buscar algún lugar donde establecernos para pasar la noche… no creo que queden muchas horas de sol, y cuando se haga oscuro hará mucho frío!
—No muy lejos de aquí hay una cueva suficientemente grande como para encender una hoguera. Si quieres podemos pasar noche allá. Puedo aprovechar la tarde para buscar leña, y algo para cenar.
—Oh, sí! —contesta ella, tan cansada como ilusionada— Sí, sí! Por favor! Los zapatos me hacen daño, los pies me están matando, y todavía voy medio coja por la caída!
—Exagerada! Pero si sólo te has hecho un rasguño!
—Si, pero seguro que se me ha infectado, y he pillado un virus extraño! Carajo de montaña estrafolla! Emplasta, traidora, y malapieza! Así te cubra el mar, roca estúpida!
—A veces hablas de una manera que no entiendo nada de lo que dices… —confiesa él, sin dejar de andar— Bueno, en todo caso, ahora pararemos y podrás descansar!
A lo largo de la jornada, y a medida que han dejado atrás las cotas más altas de las Oratam, el paisaje ha ido cambiando, pero no las temperaturas. A pesar de que el blanco de la nieve ha dejado de protagonizar el escenario, para dar paso a una gran gama de verdes y marrones apagados, el frío, potenciado por la humedad de la zona boscosa, cala en los huesos de forma contundente. O al menos esto es lo que le pasa a Sil, que acostumbrada a vivir con las comodidades de la gran ciudad, no está preparada para soportar temperaturas extremas.
—Mira, es ahí! —dice él, señalando una profunda grieta horizontal en la montaña, parcialmente oculta por ramas y arbustos colocados en la entrada.
—Ahí tenemos que dormir? —pregunta ella, con cierto tono de desesperación, sin querer conocer la respuesta que ya da por segura.
—Sí! Está muy bien! Es profunda, y conservará el calor de la hoguera! Venga, vamos! —dice, dirigiéndose a la cueva.
Los dos se acercan a la entrada, y Lutum hace un movimiento rápido con la mano, provocando una ráfaga de aire que aparta todas las ramas, hojas y arbustos, dejando libre el acceso. El interior es, efectivamente, bastante profundo, y a pesar de que frío, el suelo está completamente seco, pues la nieve no ha entrado en el pequeño refugio natural. En el centro, un círculo de piedras con el interior pleno de ceniza y carbón, señala descaradamente que ya se hecho más de una hoguera, en aquel lugar.
—Ahora encenderemos fuego, y verás como en poco rato empiezas a entrar en calor! —dice él, buscando algo entre la oscuridad en el fondo de la cueva— Si quieres, podemos dormir juntos, para que…
—NI SE TE PASE POR LA CABEZA! —lo corta ella, gritando en el interior de la cueva, provocando que su voz resuene y se amplíe, por toda la caverna— Todos los tios sois iguales! Siempre pensando en el mismo! Sexo, sexo y sexo! Sois unas cabezas calientes viciosos y lascivos!
Él, que ya ha vuelto del fondo, cargado con un montón de leña seca, queda desconcertado e inmóvil, ante aquella reacción. Una gota de sudor frío le recorre la espalda del susto.
—…pero ahora que he dicho de malo? —pregunta él, con miedo de recibir un nuevo golpe de zapato a la cabeza.
—Tú lo que quieres es irte a la cama conmigo!
—Pero si no tenemos camas, aquí…?dice, mirando a su alrededor.
—Ya me entiendes! Tú lo que quieres es mambo! —lo amenaza señalándolo? Ya te veo las intenciones!
—Ya vuelves a hablar extraño… —dice él, agachándose y colocando la leña en el círculo de piedras— …no entiendo nada de lo que dices.
—Sí, tú hazte el tonto, ahora! —insiste ella, cruzándose de brazos, indignada.
Lutum coloca una rama bastante gruesa a la base de las cenizas, y a continuación escoge un pequeño bastoncillo, que coloca verticalmente encima de ésta, aguantándolo con el pulgar y el índice des del extremo superior. Se concentra ligeramente, y le da un pequeño impulso, haciéndolo girar, como si fuera una peonza.
Evidentemente, tan sólo con este movimiento, habría caído en poco menos de un segundo, pero justo entonces, dibujando rápidamente pequeños círculos con el dedo alrededor del bastoncillo, tal y cómo si estuviera removiendo el aire, la pequeña rama empieza a rodar, primero lentamente, pero ganando velocidad a cada vuelta, hasta que se hace difícil seguir su rotación con la vista. Entonces, acelerando el movimiento circular con el dedo, Lutum aplica más presión, y el extremo inferior del bastoncillo empieza a frotar el tronco a gran velocidad, prácticamente como si se tratara de la broca de una taladradora.
Sil, dejando temporalmente de lado su enfado, mira curiosa como el punto de contacto del bastón con el tronco empieza a oscurecerse lentamente, y poco a poco, empieza a surgir un imperceptible hilo de humo, que a medida que el roce se mantiene, se tiñe de gris oscuro. Instantes después, un pequeño punto anaranjado aparece en el tronco, y a medida que la fricción continúa, intensifica su color, hasta que pasa a rojo, cada vez más intenso, hasta que al final, surge la llama.
—Oh! —se le escapa a ella, cautivada por el momento.
Él sonríe al ver la pequeña llama, retira el bastoncillo, y pasándole una la mano por encima, una pequeña brisa lo amplifica y la propaga por el encima del tronco, que empieza a quemar. A continuación, coloca varias ramas encima, que las llamas encienden rápidamente, obteniendo ahora sí, una pequeña hoguera.
—Muy bien! Ya tenemos fuego! —dice, contento— Vigila que no se apague, eh? Yo voy a buscar leña!
—Qué quieres decir, que vas a buscar leña? Pero si aquí tienes un montón! Y está seca! La de fuera está toda húmeda…
—Si, pero no la quiero para hoy! —dice, saliendo de la cueva— La que voy a buscar ahora será para la próxima vez que venga. De dónde crees que ha salido, la que he usado ahora? Es la que dejé guardada la última vez que estuve aquí, para cuando regresada, encontrar de seca. Así siempre me aseguro que habrá, aunque haya nevado! Venga, ahora vengo!
Ella, pensando en la terrible lógica de sus palabras, y que a ella nunca se le hubiera ocurrido, se queda sola a la cueva, de pie junto al fuego, que ya empieza a chisporrotear, partiendo las ramas más secas.
Se agacha ante la pequeña hoguera, y le coloca un par de ramas más. El calor de las llamas le calienta las manos y la cara, que ya empezaban a padecer la acción del frío, después de haber parado la marcha. Ahora se siente más cómoda y confortable, y se arrepiente un poco de haber reñido al pobre Lutum, que después de todo, no parece ser que tenga ninguna mala intención.
Finalmente, decide hacer algo de provecho, y abre la mochila, de la que saca un pequeño manto de tela, que extiende cerca la hoguera. De la comida que se ha llevado para el viaje, saca un queso, varios embutidos, y unas cuántas frutas, que coloca encima de la improvisada mesa.
Fuera, el sol ha empezado a ocultarse tras las cumbres más altas, y la claridad el día empieza a menguar. En breve será oscuro, y se siente segura en aquel pequeño refugio, donde hay la luz y el calor del fuego, que ahora mira fijamente, hipnótica, mientras piensa en todo lo que ha pasado, y en el lo que le espera los próximos días.
—Uo! Veo que ya tenemos la cena a punto! —dice Lutum, entrando a la cueva, cargado hasta arriba de leña? Que bien!
—Sí! —dice ella— He pensado que así no haría falta que fueras a cazar ni a pescar nada! Después de todo, mañana llegaremos al pueblo, y todo esto no nos hará falta. Allí podremos comprar más provisiones.
Él va hasta el final de la cueva, donde deja el montón de troncos y ramas que ha recopilado, y vuelve al lado del fuego, donde se sienta rápidamente al otro lado del manto, ante Sil.
—Muy bien pensado! Pues buen provecho! —dice, atacando la comida, que descansa indefensa, esperando su destino.
—Lutum, tienes que comer más lentamente! —le reprocha ella, cogiendo una pieza de fruta.
—Ah, zí? —pregunta con la boca llena— Podqué?
—Porque si comes tanto rápido te puede hacer daño! No ves que prácticamente te tragas todo sin masticar? Además, tragas demasiado aire, y se te hincha la barriga! Me lo explicó mi dietista!
—Oh, pego yo ziempde he comido azí! Y que éz un dietizta? —contesta sin dejar de engullir todo lo que es capaz de ponerse a la boca.
—Bueno, da igual… Olvídalo.
—Vale! —dice él, contento, mientras recoge un trozo de queso.
Mientras cenan y van añadiendo leña al fuego, la temperatura dentro de la pequeña caverna aumenta, consiguiendo que el invierno desaparezca de forma temporal dentro de aquel microclima.
—Tenías razón —dice ella— Se está muy bien dentro la cueva… yo me pensaba que me moriría de frío!
—Ah, pero ya ves que no es así, eh?
—Sí… la verdad es que me ha sorprendido cómo has encendido la hoguera. Nunca se me habría ocurrido… es sorprendente como utilizas tus poderes.
—Bueno, son truquillos que he ido aprendiendo con los años. Mi padre me explicó como encender fuego, y un día pensé hacerlo a mi manera… así he ido aprendiendo, cada día un poco.
Durante unos instantes, la Sil queda pensativa.
—Mi poder… —dice finalmente— …mi poder es muy nuevo para mí. Lo controlo muy poco, comparado contigo. Quieres… quieres que te lo enseñe?
—Vale! —dice él, contento, arrancando la mitad de una manzana, de un mordisco.
—Pero piensa que todavía no sé mucho, eh? Se excusa ella, de entrada. No he tenido tiempo de entrenar porque he estado investigando, y después ha tenido que viajar por toda la península, y…
—Sí, sí, muy bien! No pasa nada! Seguro que lo harás muy bien, no pasa nada!
Sil se levanta del suelo, se sacude los pantalones, y se queda de pié, con las piernas ligeramente separadas. Sacude ligeramente manos y brazos, haciendo un pequeño calentamiento para relajarse. Cierra los puños, y los gira, de forma que los dedos cerrados y el interior del brazo quedan enfocados hacia adelante, y los codos y el reverso de la mano hacia atrás.
Respira profundamente, y cierra los ojos, concentrándose.
Poco a poco, empieza a cerrar y abrir los puños ligeramente, concentrando la fuerza a las manos. Cada vez que los cierra lo hace con más fuerza, hasta que hay un momento en el que no los vuelve a abrir. Tanta es la energía que concentra, que le empiezan a temblar ligeramente.
Su rostro también desprende esfuerzo y concentración; tanta, que incluso Lutum deja de comer, para mirarla, curioso.
La vibración de los puños se convierte primero en un temblor y después en un meneo, que a medida que incrementa, se desdibujan, borrosos. En aquel momento, vuelve a inspirar profundamente, y de repente, de sus manos y brazos, surgen dos de nuevos, hasta la altura de los codos.
Lutum, estupefacto, obre los ojos como platos, al ver como a Sil le han aparecido dos nuevos dos brazos, y el trozo de manzana que le quedaba le cae de las manos.
Una nueva profunda respiración, y a los nuevos dos brazos, se le suman antebrazos que emergen de los ya existentes, y se levantan en el aire.
Pero el poder de la mitosi sigue actuando, cuándo los nuevos brazos bajan rápidamente, para hacer salir de un tirón a una nueva Sil, de cintura para arriba, que ahora comparte piernas con la original.
El proceso llega en su momento más álgido, cuando dando un golpe de rodilla en el aire, una nueva pierna emerge desde la cintura, baja hasta tocar el suelo, y con un impulso final, repite la técnica para la otra perna.
La compleja duplicación finaliza cuando las dos Sil, unidas por la cintura, se separan finalmente, y caen de rodillas, agotadas por el esfuerzo, quedando a cuatro patas.
Lutum se mira, atónito, las dos chicas, idénticas como dos gotas de agua, incluso con la misma ropa, peinado, y nivel de cansancio. Una de las dos, levanta la cabeza y lo mira, sonriente.
—Sabes que? Dice, jadeando con dificultad, con la voz entrecortada? …creo… creo que es la primera vez que… que te veo sorprendido.
—Te has multiplicado! —dice él, señalándolas, a las dos.
—Mi anillo es el Tab-rab. —dice la otra Sil, hablando por primera vez— Y dota a su Portador del poder de la mitosi.