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- Saga Oeste
- Saga Este
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- Saga Norte
- Saga Final
Saga Kadingir
ÍNDICE
- Capítol 17 – Los Hallazgos de Sil
- Capítulo 16 – Fuera
- Capítulo 15 – Encarcelados
- Capítulo 14 – Ciudad Baja
- Capítulo 13 – El transportador
- Capítulo 12 – Buenos días!
- Capítulo 11 – Se apunta
- Capítulo 10 – Samurai Katori
- Capítulo 9 – Llegada al pueblo
- Capítulo 8 – Tab-Rab
- Capítulo 7 – El poder de Sil
- Capítulo 6 – La partida
- Capítulo 5 – Los anillos de Lokituk
- Capítulo 4 – Vale!
- Capítulo 3 – Nuevas amistades
—¿Vale? —se limita a repetir ella, estupefacta.
—Sí, vale! Te acompañaré! Será divertido! —añade él, antes de engullir otro pedazo de queso.
—Y ya está? Y me lo dices así? —grita, perdiendo la paciencia— Sin pensártelo ni nada? Piensa que puedes estar mucho tiempo fuera de casa! Quizás meses, o incluso años!! Que no verás tu hogar! Que la nostalgia te invadirá!
—Ah, no te preocupes! Estaré bien! Además, si dices que buscas los que llevan estos anillos, quizás encontraré a mi padre! Después de todo, él también en puerta uno! Le daría una sorpresa! ?dice contento.
—Oh, Lutum, eres tan simple que nunca llegaré a comprenderte— suspira, echándose atrás y apoyándose al respaldo de la silla.
Él, por su lado, ya ha arrasado completamente con todo el desayuno, y se levanta, satisfecho.
—Ahhhh, que rico que estaba!! —dice, frotándose el abdomen? Bueno… nos marchamos, pues?
—¿Eh? —pregunta Sil— ¿Qué?
—A buscar al hombre este, y los portadores, ¿no? ¿No decías que los tenemos que ir a buscar?
—Pero que dices! No seas burro! Cómo quieres marchar así? Nos tenemos que preparar! Se tiene que preparar el equipaje! Trazar las rutas! Reunir provisiones y equipo! El clima es muy inestable, y tenemos que estar preparados! No nos podemos marchar así como así!
—¿A no? —murmura desilusionado— Y cuando nos podremos ir, entonces?
—Bueno, pues si me pongo a trabajar ahora con los mapas, y el equipaje, supongo que lo tendré listo esta noche.
—Aha! Muy bien! —grita contento— Nos vamos esta noche! Vivaaa!
—Noooooo! Pero cómo quieres salir por la noche!! Pero que dices? Nos iremos mañana por la mañana, a primera hora, así aprovecharemos la luz!
—Ah… —susurra sin acabar de entender aquella extraña lógica— Pues bien… que sea mañana! Aprovecharé para arreglar la entrada! —y dicho esto, sale de la cabaña feliz y contento, en busca de la puerta que ha hecho volar por la mañana.
Sil por su parte, decide no perder más tiempo, y también sale del refugio para ir a recopilar una vez más el equipaje más imprescindible ara el viaje, entre todas las cosas que ha desperdigadas por el todo terreno.
Fuera, a pesar de estar completamente nevado, el sol ya empieza a cubrir toda la explanada, y la temperatura es bastante más agradable que a primera hora de la mañana. El paisaje que se puede llegar a ver des de aquel punto es muy especial, puesto que si se mira abajo, se puede llegar a divisar el lejano valle, al fondo, y si se mira hacia arriba, se puede ver claramente la cumbre, que queda a unas escasas docenas de metros en una pronunciada pendiente.
No muy lejos de la cabaña, Lutum está evaluando los daños de la puerta; tiene las bisagras arrancadas, pero poca cosa más. Unos metros más allá, el todo terreno, con las cinco puertas abiertas de par en par, escupe todo tipo de objetos y trastos por la puerta posterior, que se van apilando encima la nieve.
—Esto no… esto tampoco… y esto tampoco… —va diciendo Sil, mientras tira fuera del coche todo aquello que no se llevará.
Después de intentar varias veces comunicarse a través de la radio, sin ningún éxito, se ha dado por vencida, y su parte más pragmática ha decidido encarar la nueva etapa del viaje con energía positiva.
—Bien, creo que ya lo tengo todo! —piensa en voz alta, mirando el interior de una caja de cartón, llena hasta los topes— Si tenemos que ir a pie, será mejor que nos llevemos el mínimo número de cosas posibles. Una vez al pueblo, y consigamos otro medio de transporte, ya volveré a comprar el resto de material…
Con la pesada caja en brazos, y haciendo equilibrios, esquivando todo lo que ha quedado desperdigado por el suelo, Sil se dirige de nuevo hacia el refugio.
—Escucha Lutum, tú tienes mantas, o ropa de invierno? Si tenemos que pasar la noche en el bosque, nos tendremos que resguardar de la nieve! Esta noche me he quedado congelada!
—Ah, no hace falta! Dice mientras levanta la puerta y la arrastra hacia la entrada. Ya conozco las cuevas y las grutas de la zona! No pasaremos frío! Encenderemos fuego!
—Cuevas? Dormir en cuevas?
—Pues claro! Dónde quieres dormir, sino? Al aire libre no se puede, o la nieve te cubriría durante la noche!
—Yo pensaba que tendrías una tienda de campaña, como mínimo!
—Qué es una tienda de campaña?
—Oh, da igual! olvídalo… —dice, y pasa de largo, yendo hacia el interior del refugio.
Lutum, coloca la puerta a su lugar, y las bisagras en su posición. A continuación, coloca un clavo de madera y con un pequeño movimiento de la mano, lo propulsa contundentemente, haciendo que atraviese la bisagra y que se clave el marco de la puerta, como si lo hubiera clavado con un martillo. Repite la operación un par de veces más, y después procede con la otra pieza.
Sil, que no ha dejado de mirarlo, se maravilla que sea capaz de controlar su poder con tanta precisión. Es capaz de crear una ráfaga de aire para empujar un todo terreno montaña arriba, pero a la vez, de focalizarlo en un solo punto tanto concreto como para clavar un clavo. En aquel momento se avergüenza de controlar tan poco su poder, y se hace la firme propuesta de entrenar con más constancia, para mejorar sus técnicas.
El resto del día, lo dedican a preparar el viaje. Mientras la Sil repasa los mapas y establece la ruta que seguirán, Lutum se entrena en el exterior, moviendo la nieve con ráfagas de aire, amontonándola y formando caminos. Está contento por la nueva aventura que le espera. Lleva ya muchos años sin salir de aquella montaña, y todavía más sin ir al pueblo. La última vez que lo hizo fue con su padre, y casi no lo recuerda, pues entonces era muy pequeño.
Ella, a pesar de haberse quedado sin coche, siente también una cierta alegría al poder continuar el camino con alguien. Desde el día en que se marchó de casa, que ha ido sola, y hacía ya semanas que no encontraba ningún rastro que le indicara que iba por buen camino. Estará bien poder contar con compañía. Mientras piensa en todo esto, inconscientemente su memoria vuelve recordar el día que le cambió la vida.
El día que se puso el anillo.
Después de los diversos intentos frustrados de sacárselo, optó para explicárselo a su padre. Éste, le confesó que sabía muy poca cosa, de aquella extraña joya, pero que no le parecía excesivamente valiosa. Se la había vendido un anticuario amigo suyo, que a su vez la había comprado a un arqueólogo en el mercado negro.
Ella, no muy satisfecha con esta explicación, estuvo buscando información a la biblioteca de su padre, pero no encontró nada. Entonces fue cuando decidió ir a la Biblioteca Histórica de Metrópoli Norte. Allá fue donde encontró el origen de todo.
La BHMN es el centro de documentación más completo de toda la Península Beri. Con más de quinientos años de historia, es el más antiguo que se conoce. Un gran edificio de veinticinco plantas al corazón de la ciudad, donde se dirigen desde los estudiantes más jóvenes, hasta los catedráticos y estudiosos con más buena reputación del sector. Todos los documentos históricos, los valiosos incunables, e incluso los primeros pergaminos de la humanidad, están custodiados ahí. Muchos de estos, no se pueden ni siquiera consultar, para evitar su posible degradación. Pero ella, gracias a los importantes contactos de su padre, consiguió acceder a ellos.
Los primeros días fueron desesperantes. La gran parte de los documentos no estaban informatizados, y tuvo que buscar la información repasando los libros uno a uno, intentando encontrar todo lo que hiciera referencia a un anillo como el suyo. Durante dos semanas estuvo consultando cada día, hasta altas horas de la madrugada, extraños documentos, algunos de los cuales ni siquiera comprendía.
Pero una noche, mientras los ojos ya se le cerraban, entre página y página, llegó a una ilustración de un anillo muy similar al suyo. Primero se lo pasó de largo, en parte por el sueño, y en parte porque sabía que no era el suyo, puesto que este se lo conocía perfectamente. Pero volvió atrás, y una mirada más atenta, le hizo ver que a pesar de no ser el mismo anillo, guardaba una gran similitud con el suyo. El mismo estilo, el mismo entramado, pero un grabado distinto. En lugar de las dos estrellas, como tenía ella, la figura que culminaba la joya era un triángulo invertido. Aparte de este detalle, todo era muy similar.
Su alegría inicial quedó en parte frustrada porque todo el texto que acompañaba la ilustración estaba en una extraña lengua de la cual ni siquiera reconocía los caracteres. Pero el hecho de encontrar un hilo de donde estirar, después de dos semanas sin ningún resultado, le dio ánimos para seguir investigando.
Durante las semanas siguientes, descubrió que el idioma en cuestión era la lengua de una civilización que había gobernado gran parte del continente, incluida la Península Beri, hacía más de dos milenios. El Imperio Otok. En el texto se explicaba que sus líderes, guiados por Lokituk, contaban con unos anillos forjados por él, que los dotaban de extraordinarios poderes, que los permitían controlar los elementos y las leyes de la física a voluntad. Eran denominados los Portadores.
Entonces centró su busca en la historia de este imperio, y los resultados fueron mucho más productivos. Su etapa se había prolongado durante más de cinco siglos, todos ellos prósperos y productivos. Las mejoras substanciales en sociedad, economía y cultura habían llegado a nuestros días, y parecía que no tenía fin. Pero si que lo tuvo.
Al último tercio del último siglo, una guerra civil impulsada desde el núcleo del poder, marcó el inicio de la decadencia del imperio, y des de entonces todo había ido a peor, hasta su caída, en poco más de cincuenta años.
A pesar de que la historia de los otokans estaba muy bien documentada, la información sobre los anillos era muy vaga. Tan sólo leyendas, rumores, o historias sin fuentes solventes, ni bibliografía para contrastar. Las pocas referencias que encontraba, siempre eran ambiguas y similares; unos anillos que dotaban de un gran poder, que permitía hacer cosas extraordinarias. Pero en ningún documento se hablaba en profundidad del tema. Y no era de extrañar, puesto que todo ello era una historia tanto fabulosa, que ni siquiera ella se la hubiera creído, si no fuera porque en aquellos momentos, ella era una Portadora.
Recopilando la poca información de los cientos de libros que había consultado, se había llegado a hacer una cierta idea de la situación, pero estaba claro que en aquella biblioteca ya no encontraría nada más. Y así fue cuando decidió empezar a buscar historiadores expertos sobre el Imperio Otok.
La gran mayoría de ellos la alejaban de la idea que la leyenda pudiera ser cierta, y el resto la trataban de inocente ignorante, y no se la tomaban en serio. Eran estudiosos de la historia, y se ceñían a hechos rigurosos y documentados. Aquella historia quedaba lejos de sus objetos de estudio.
Pero no se dio por vencida, y su investigación la levo a leer fuentes menos rigurosas, como periódicos y revistas de dudosa solvencia, tachados de sensacionalistas y paranoicos. Fue entonces cuando pasó a encontrar un exceso de información que no sabía como tomarse. Había cientos de historias magnificas e increíbles, que hablaban de los anillos, y los relacionaban con actos satánicos, magia, o incluso extraterrestres. Algunos artículos parecían absolutamente inventados, y otros se contradecían con la historia escrita. Estaba claro que la mayoría de toda aquella información era papel mojado, y que tan sólo servía para distraerse un rato, leyendo una historia de ficción. En unas pocas semanas, ya estaba completamente saturada de historias absurdas, grandes complots sin sentido, y posibles invasiones marcianas. Estaba a punto de abandonar la búsqueda.
Y entonces, lo encontró.
Era un artículo breve y discreto, firmado por un tal Dr. Ishor, de la Facultad del Meridiano Central, al otro lado del océano. En pocas palabras, y de forma afable y coherente, resumía todos los datos que ella había podido encontrar a través de los libros de la Biblioteca Histórica. Tanto era así, que prácticamente parecía que lo hubiera escrito ella. Lo volvió a leer un par de veces, y llego a la conclusión que el Dr. Ishor no era un farsante que se había sacado de la manga una historia sensacionalista, sino que había contrastado sus fuentes con documentación oficial. En aquel momento, decidió que tenía que contactar con él.
Y si la búsqueda de la información de los anillos había sido compleja, todavía lo fue más el seguimiento del Doctor. Después de consultar a la base de datos de la Universidad del Meridiano Central, se enteró que aquel artículo había sido escrito hacía más de diez años, y que el Dr. Ishor ya no impartía clases desde hacía cinco. Todo lo que obtuvo, fue un teléfono al que nadie contestaba y una dirección. Allá, su investigación quedó en un punto muerto.
Durante unos días, estuvo meditando el paso que tenía que dar. Estaba claro que desde su casa, ya no podía hacer nada más. Su única pista era aquel hombre, y para hacerlo, tenía que viajar. Y así fue. Abandonó su hogar, y empezó la verdadera búsqueda. Des de entonces, Sil siempre ha sido sola
Hasta hoy.
—Hora de cenaaaar! —grita Lutum, contento, entrando por la puerta completamente mojado, con dos grandes peces, uno en cada mano? Mira, mira! Los he encontrado en el lago! Estaban bajo la capa de hielo! Y yo que me pensaba que los peces también emigraban como los pájaros! Ha, ha, ha!
-No me digas que te has bañado, con este frío que hace! —exclama Sil, al verlo completamente mojado.
—Pues claro! Cómo quieres que los pesque, sino? Ah, ya verás que bien que comeremos! Son carpas azules! Buenísimas, ya verás! Las has probado nunca, las carpas azules? —pregunta, mientras les clava dos ramas que las atraviesan de arriba a bajo, y las coloca en la brasa del fuego en tierra.
—Sí, claro… en la ciudad venden, en los mercados… —responde con cara de asco, mirando los pescados crudos como empiezan a hacerse poco a poco— Escucha, yo no creo que cene, hoy… ha sido un día muy movido, y no tengo mucha…
Pero antes de que acabe la frase, su estómago la hace callar, quejándose ruidosamente.
—Ha, ha, ha! Va, ya verás como te gusta mucho!!
—No, no, de verdad, Lutum… no quiero. No insistas. No comeré.
Media hora después, tan solo las espinas llenan los dos platos, y los comensales suspiran pesadamente, después de la copiosa cena.
—Ohhh, que bueno que estaba! He quedado llena! —dice Sil, con la mano en el vientre. —La verdad, es que desde que viajo, que no como muy bien…
..A que sí? A que eran buenos? —le pregunta él, contento? Ah! Ya te lo he dicho, yo!! Ha, ha, ha!!
—Justo después de cenar, Sil empieza a notar el sueño. El efecto de la abundante comida, el calor del fuego, y el agotamiento de aquel día tanto movido la superan, y los ojos se le cierran.
—Tienes sueño? Puedes dormir en aquella cama, si quieres! —propone Lutum— Es la de mi padre!
—Pues no te diré que no! Mañana nos espera un día muy largo, y lo mejor será ir a dormir pronto! —dice levantándose de la mesa.
Sil coge la caja con sus cosas, que había dejado junto en la entrada, y la lleva hasta la cama. Empieza a buscar por su interior y saca una camisa de dormir. Se quita los zapatos, se desabrocha los pantalones, y entonces se para, pensativa. Se gira, y ve que Lutum la observa.
—Eh! Tú! No mires!
—Que no mire? Qué quieres decir?
—Cómo, que qué quiero decir? Que no me mires, que me quiero cambiar! —replica, enfadada
—Pues cámbiate, no?
—Oh, no seas burro! Cómo quieres que me cambie, delante tuyo?
—No te entiendo… qué quieres decir?
—Oh, no te hagas el loco!! Tú lo que quieres es verme los pechos!
—Eh? Los pechos? —Lutum no sabe exactamente qué cara poner— Pero porqué? Qué les pasa a tus pechos?
—Cómo que qué les pasa? No les pasa nada, a mis pechos! Lo que pasa es que me quieres ver desnuda!
—Pero porqué? No te entiendo de nada!
—Que te digo que te gires!! —grita, amenazándolo con uno de los zapatos.
Lutum, sin entender mucho el extraño comportamiento de su nueva amiga, pero reaccionando ante de sus gritos, se gira de espaldas, mirando la cocina
—Así? —se atreve a preguntar.
—Sí! —dice ella, mientras se cambia rápidamente— Y no te gires! Que ya sé que los chicos sois todos unos pervertidos!
—Unos qué? —pregunta él, empezando a girarse, cuando un zapato le golpea a la cabeza, haciéndolo volver a su posición rápidamente.
—QUE NO TE GIRES! ?—vuelve a gritar ella, ahora ya poniéndose la camisa de dormir.
—Ay! Vale, vale! Lo siento! Es que no entiendo nada!
A marchas forzadas, Sil se acaba de cambiar, y se mete en la cama.
—Vale, ya está!
—Ya me puedo girar? —pregunta él, con miedo de moverse antes de hora.
—Sí, ya está.
—Seguro?
—Que sí, que sí!
Lutum se gira y mira a su alrededor. Está todo igual.
—Que has hecho?
—Cómo que qué he hecho? Me he cambiado! Ya te lo había dicho!
—Y ya está? Nada más?
—Pero que querías que hiciera? Bailar la danza del mono? Claro! Nada más!
—Uf, que rara eres… —y diciendo estas palabras, Lutum se levanta de la silla, se acerca a la cama, donde se quita la poca ropa que lleva, quedando completamente desnudo, la coloca en el perchero, y se mete en la cama, tapándose con las sábanas, ante la atónita mirada de la Sil, que no sabe qué cara poner.
—Buenas noches! —dice él.
—Ahhh… —responde ella.